Después de casi dos décadas, El ojo del fotógrafo ha resistido el paso del tiempo y, debido a su éxito mundial, me he abstenido de retocarlo siguiendo el principio de «si no está roto, no lo arregles». Sin embargo, el mundo de la fotografía ya no es lo que era. Ahora tiene mucha más relevancia en la vida cotidiana, y los problemas técnicos se han resuelto en gran medida gracias, en parte, a los avances informáticos. Incluso la forma estándar del fotograma ha cambiado, del 3:2 de las cámaras de 35 mm y sus sucesoras digitales, al 4:3, más cuadrado, de las cámaras incorporadas en los teléfonos móviles.
Estos detalles influyen en la forma en que componemos las imágenes, y este es precisamente el núcleo de este libro. Además, el modo de analizar y comprender la composición.